#GenerationE: los jóvenes emigrantes “Los suizos deberían aprender a abrazar el caos”

Dada la escasez de medios financieros en su país, Elisa Lovecchio emigró a Suiza para seguir un doctorado en oceanografía. En Zúrich, esta italiana de 27 años ha encontrado reconocimiento profesional, pero también algunas dificultades para hacer nuevos amigos.

Elisa Lovecchio, 27 años, tiene un consejo para los suizos: “Aprender a no dejarse asustar por las contrariedades, porque no todo en la vida puede y debe estar bajo control”. 

Elisa Lovecchio, 27 años, tiene un consejo para los suizos: “Aprender a no dejarse asustar por las contrariedades, porque no todo en la vida puede y debe estar bajo control”. 

(Generation E)

"En Italia el doctorado no se entiende como un auténtico trabajo, sino como una mera continuación de los estudios universitarios"

“A través de mis contactos universitarios descubrí que en Zúrich existe uno de los institutos de oceanografía más importantes del mundo”, afirma Elisa Lovecchio, mientras recuerda, con cierto orgullo, el recorrido que la ha llevado desde Italia a Suiza.

Elisa Lovecchio es una joven investigadora italiana de 27 años, graduada en Física por la Universidad de Pisa con las calificaciones más altas. Ahora se encuentra terminando el doctorado en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich.

“El objeto de mi investigación es el estudio de la interacción entre el ecosistema del océano costero y el de mar abierto, utilizando modelos matemáticos. En particular me ocupo de la costa norteafricana y el archipiélago de las islas Canarias, una zona muy rica en peces y de importancia fundamental para la economía y el mantenimiento humano”, explica Elisa. “El objetivo principal es comprender cómo pueden mantenerse los equilibrios oceánicos”.

El trabajo científico de Elisa constituye una contribución para Suiza. “Mi investigación, como las de otros muchos colegas procedentes de todo el mundo, mantiene a Suiza en una posición de vanguardia en el mundo de las ciencias ambientales”.

Falta de fondos

Ha sido precisamente la falta de salidas profesionales lo que impulsó a Elisa a salir de Italia, un país donde el sistema universitario no parece favorecer el ascenso de los mejores estudiantes.

Jacopo OttavianiEnlace externo, especializado en estadística aplicada al periodismo, escribe para medios de comunicación como ‘The Guardian’, ‘Al Jazeera International’, ‘El País’, y en Italia, para una revista semanal de análisis internacional. En 2015 recibió diversos premios como por el proyecto E-wasteRepublicEnlace externo, un reportaje sobre el mercado de los residuos electrónicos en Ghana y otros lugares del mundo.  Dos años después participó en el proyecto Themigrant filesEnlace externo, un proyecto internacional de periodismo de datos sobre la inmigración en Europa. También en 2014 Jacopo Ottaviani coordinó Generation EEnlace externo, el primer proyecto de colaboración abierta sobre historias de inmigración juvenil en Europa. Este artículo fue realizado gracias a los datos recogidos por Generation E.

“El problema es que en Italia el doctorado no se entiende como un auténtico trabajo, sino como una mera continuación de los estudios universitarios”, indica Elisa. La falta de fondos para la universidad y la plaga del llamado “baronato”, o sea, la lenta sustitución del personal académico, unido al abuso de poder de algunos profesores veteranos sobre los más jóvenes, hacen la situación aún más difícil. Todos estos elementos han tenido como consecuencia una auténtica fuga de “cerebros” italianos durante la última década.

“Aquí en Zúrich es diferente. Desde el punto de vista profesional soy feliz y me siento valorada por mis competencias”, afirma Elisa. “Creo que este trabajo me ofrecerá muchas salidas. He aprendido muchísimo en los últimos meses y siento como con mi pequeño trabajo contribuyo a la construcción de nuevos eslabones del saber científico”.

Además tengo la posibilidad de enseñar a los estudiantes en laboratorios seguros y de calidad, y percibo un sueldo más que respetable que, a pesar del elevado coste de la vida, me permite ahorrar algo para futuros proyectos”.

El sentimiento de ser un ‘outsider’

La vida en Suiza ofrece muchas ventajas, pero como para muchos otros emigrantes de la Europa meridional, también algunas dificultades. Por ejemplo, tratar con los suizos no es siempre fácil. Y el resultado es que gran parte de los amigos de Elisa pertenecen al grupo de expatriados.

“Tengo estupendos amigos, pero especialmente extranjeros, como yo. Salgo sobre todo con otros inmigrantes y eso me hace sentir un poco como un ‘outsider’ que vive al margen de la sociedad”, afirma Elisa con algo de melancolía.

“Creo que esta dificultad se debe tanto a razones lingüísticas como culturales. Anteriormente había vivido algunos meses en Texas y fue suficiente para hacer amistades que ahora son todavía sólidas, pero aquí, después de dos años, no tengo aún amigos suizos.”

Mojar brócoli en la fondue

Sin embargo, la comunidad de extranjeros que gira en torno a la universidad es muy divertida. Elisa recuerda amenas reuniones en su casa, en las que no es difícil encontrar un italiano, un norteamericano, un brasileño y un español sentados en torno a la misma mesa. “Para mí el olor de Suiza es el de la fondue, que ahora es también el de mi casa”, bromea Elisa, mientras describe una de sus cenas internacionales.

“En invierno, cuando afuera llueve y hace frío, pero también en verano, la respuesta al mal tiempo es invitar a muchos amigos a casa y organizar una fondue improvisada. Si me atrevo, animo a los suizos menos ortodoxos a mojar brócoli en la fondue, ¡que está de muerte! Como normalmente en esas cenas todos somos expatriados, cometemos herejías de ese tipo.”

Un consejo gastronómico que podría hacer saltar de la silla a cualquier lector suizo, pero que esconde también una sugerencia que Elisa quiere dar a sus amigos helvéticos. Si es cierto que los italianos pueden aprender de los suizos la precisión y la organización, los suizos podrían esforzarse por desarrollar la capacidad de improvisación de los pueblos mediterráneos.

“Si tuviese que pensar en un consejo me viene a la mente uno paradójico”, explica Elisa mientras sonríe divertida. “Los suizos deberían aprender a no dejarse asustar por las contrariedades y abrazar el caos. Porque no todo en la vida puede y debe estar bajo control”.

En una ciudad como Zúrich que, como Elisa reconoce, es internacional y tolerante, hay sin embargo una cuestión a la que la joven ha tenido que enfrentarse varias veces en su vida de italiana en el extranjero: el concepto de la mafia en el imaginario colectivo.

“Me fastidia ver a Italia asociada a la simbología de la mafia como si fuese algo ‘cool’, por ejemplo en las pizzerías y restaurantes italianos”. Películas como la trilogía del ‘Padrino’ han transmitido una imagen distorsionada de la mafia en el imaginario colectivo de todo el mundo, distante de la máquina criminal e ilegal que es en la realidad. “Lo que parece que los suizos no acaban de comprender es que la mafia es cualquier cosa menos un fenómeno divertido”.

Contacte con el autor a través de twitter: @JacopoOttavianiEnlace externo

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Traducción del italiano: José M. Wolff

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